Cuanto más dientes extraídos mostraba, mejor era reputación del barbero sacamuelas.

Theodoor Rombouts (1597-1637) lo representó muy bien en su cuadro «El charlatán sacamuelas», cuando en la Edad Media eran los boticarios, sangradores y barberos quienes se encargaban de los tratamientos dentales. El dentista como tal no existía… como tampoco existía la anestesia o los antibióticos, ni los implantes dentales o los empastes. ¿Cómo lo hacían entonces?

Sección del cuadro "El charlatán sacamuelas", en el Museo El Prado
Sección del cuadro «El charlatán sacamuelas», en el Museo El Prado.

En la Edad media cuando te dolía un diente, acudías a tu barbero para que te lo sacara.

Para entonces no había medias tintas. El barbero sacamuelas era una de las figuras de menor formación sanitaria en la Edad Media. Tenían prohibido en España ejercer como dentista, pero eso no le impedía que en las zonas rurales fuese el «rey». Era en estas zonas donde los «dentistas» del momento no llegaban, y por tanto, era el barbero quien cumplía con esta función.

Y, ¿cuál era el tratamiento más realizado?

En realidad no había muchas opciones para una persona sin formación, y con pocas herramientas. Si tenías dolor, inflamación, incluso infección… la solución era sacar el diente. De hecho, para saber si un barbero era bueno, se cuenta que mostraba su colección de dientes extraídos. Mientras más dientes, mejor era su reputación.

Y es que en la Edad Media la odontología como tal estaba apenas en desarrollo, la higiene bucal en la población era muy deficiente y la dieta dejaba mucho qué desear. Sobre todo en las altas clases, donde la ingesta de azúcar, por ejemplo, era incluso exagerado. No tienes idea del color de los dientes de reinas famosas, o los extraños ritos que cumplían para intentar palear el mal aliento, color de los dientes…

Pero eso ya es tema para otro post ʕ•́ᴥ•̀ʔっ

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