Respirar por la boca puede parece un hábito inofensivo. Pero lo cierto es que, sobre todo cuando se es un niño en pleno crecimiento, este hábito puede alterar profundamente su desarrollo físico y cognitivo. Cada vez que tu hijo no usa la nariz para respirar, sino que lo hace por la boca, su cuerpo activa mecanismos de compensación que afectan desde su posturas hasta su rendimiento escolar.

Los niños que respiran por la boca son más propensos a desarrollar problemas bucales, posturales y enfermedades
Foto original de Bessi, en Pixabay.

Por aquí te comentamos las principales áreas en las que afecta este hábito:

1. Alteraciones en el Rostro.

Respirar por la boca hace que tu hijo tenga la boca abierta constantemente, y que la lengua está abajo. Incluso tocando los dientes frontales. Esto modifica el crecimiento ósea de toda su cara, provocando síntomas como:

  • Maxilar estrecho: El paladar se vuelve alto (ojival) por la falta de presión de la lengua.
  • Mandíbula retraída: El mentón tiende a verse hacia atrás.
  • Ojeras marcadas: Debido a una peor oxigenación y pero descanso debido a que el cuerpo está en constante estado de alerta.

2. Más caries y problemas de mordida (maloclusión).

Al estar la boca siempre abierta, la saliva (que es un protector natural) se evapora, lo que incrementa el riesgo de:

3. Reduce el descanso, afecta el comportamiento y trae problemas en el habla.

Un niño que respira por la boca no suele alcanzar un sueño profundo y reparado. De hecho, es normal que les cueste dormirse, se despiertan varias veces por la noche y por ello suelen tener muchas ojeras. Todo esto genera problemas como:

  • Fatiga crónica: Despiertan cansados y con falta de energía. Respirar por la boca es una señal para el cuerpo de que estamos en peligro, de que necesitamos huir. Esto hace que esté siempre en alerta, lo que dificulta la relajación, el descanso, etc.
  • Irritabilidad: La falta de descanso impacta directamente en su regulación emocional. Su capacidad de manejar la frustración, la tristeza o el enfado, por ejemplo, se ven especialmente afectadas.
  • Déficit de atención (TDAH): La mala oxigenación cerebral afecta la concentración y la memoria, lo que a menudo se confunde con TDAH.

4. Problemas posturales, dolores e incremento de los problemas respiratorios.

La boca no está pensada para calentar ni humedecer el aire que aspiramos. Ni tampoco está diseñada para filtrar virus u otras partículas que pueden poner en riesgo la salud de tu peque. Cuando tu hijo respira por la boca de forma constante (respirador oral), es por tanto más propenso a sufrir infecciones respiratorios, vegetaciones, amigdalitis e incluso otitis, por ejemplo.

Y eso no es todo. Cuando tu peque respira por la boca, este hábito les obliga a modificar su postura corporal. Este cambio sutil es suficiente para que adopte una mala postura, que a la larga le puede llevar a sufrir problemas de cuello, espalda, etc.

Por no olvidar que este desequilibrio puede influir en la articulación temporomandibular (ATM), afectando la forma en que mordemos o hablamos, generando dolor e incluso chasquidos al masticar o hablar.

¿Qué debo/puedo hacer?

Si notas que tu hijo, sin estar enfermo, duerme con la boca abierta, ronca o tiene el labio inferior siempre caído, es muy importante que pidas cita con nuestra dentista. La doctora Elizabeth Recarte, dentista de niños y ortodoncista en Dentikids, podrá determinar en una cita la causa del problema y el mejor tratamiento a realizar. Por ejemplo, mediante una ortopedia personalizada y ajustada a sus necesidades.

Pídenos cita al 692 677 850 o al 657 970 824.

Esta información es únicamente informativa, y no pretende en ningún momento sustituir o servir como diagnóstico de ningún tipo. Es importante que acuda con el especialista para obtener un diagnóstico.

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