La piel morena y la sonrisa blanca son dos rasgos, entre muchos otros, que se consideran características de una buena salud en la sociedad occidental. Para conseguir lo segundo, unos dientes blancos, el camino es el tratamiento del blaqueamiento. Pero, ¿en qué consiste?

El blanqueamiento dental es un procedimiento clínico que trata de conseguir el aclaramiento del color de uno o varios dientes aplicando un agente químico, y tratando de no alterar su estructura básica. Se dividen en dos grupos: los que aplican un agente químico (peróxidos) desde el exterior y los que también lo hacen desde dentro.

¿Cuál es el procedimiento?
Cuando uno de nuestros pacientes nos pide un blanqueamiento lo primero que hacemos es preguntarle pos su historial médico. Hacemos un diagnóstico sobre la salud de su boca y el color de sus dientes para saber si hay algún aspecto que impida la aplicación del tratamiento. Y por último, se procede, es caso de que sea factible, a aplicar el agente químico que permitirá aclarar el color de los dientes.

Hay otros aspectos que hay que tomar en cuenta:

  • Los resultados dependen de cada paciente y del color original de los dientes.
  • Existe la posibilidad de elegir el tono de blanco para nuestros dientes, pero siempre hay un límite.
  • El blanqueamiento se puede aplicar a determinadas piezas dentales o a toda la dentadura.
  • En cuanto a los riesgos, el blanqueamiento puede generar sensibilidad en los dientes durante los días posteriores al tratamiento, lo mismo que quemaduras muy leves en las encías más sensibles, que desaparecerían al poco tiempo.
  • El blanqueamiento dental no es un tratamiento que se pueda aplicar habitualmente. De hecho, abusar de este tipo de tratamiento puede dañar los dientes.

Consulta a tu dentista antes de llevar a cabo cualquier tratamiento blanqueador.

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